Ingeniería para el CAMBIO

QE2 Ingenieria para el CAMBIO
Este año, en QE2 hemos hecho 9 años como empresa. Ojo, 9 años, que se dice pronto. En breve toca vino y platos de jamón para celebrar los 10. Pero cada cosa a su tiempo.

Compartir en:

Estos últimos meses han sido de profunda reflexión. Toda empresa pasa por un momento en el que hay que parar, analizar de dónde vienes y dónde estás. Y sobre todo, dónde quieres ir.

El pasado es el que nos sustenta. Los aciertos y los errores nos insinúan qué camino seguir (sin mucha concreción, es verdad) y nos dan el argumentario principal: cómo hemos llegado aquí.

Lo que nos lleva al presente: ¿Quién soy ahora? ¿Qué hago? ¿Quiénes son mis clientes? ¿En qué soy especialista? Preguntas fáciles, aparentemente. Ya, ya, sí, muy fáciles. Te invito a que te las hagas a ti mism@ a ver si es tan fácil.

Y con todo esto en la coctelera, la derivada es inmediata: ¿Qué tengo que cambiar? ¿En qué puedo mejorar? ¿Dónde me veo en 10 años?

No sé tú, yo en una playa.

Un quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos de toda la vida, vamos (al final es todo lo mismo, creo).

Hemos escrito muchos post con el objetivo de hablar de temas que consideramos que conocemos, o en los que somos expertos, si lo prefieres, dicho con toda la humildad. Y sí, algo hemos aprendido en estos 9 años, mejora continua, bodegas, sostenibilidad, energía, lean, kaizen, Kanban… un totum revolutum de cosas que tienen muchas cosas en común, pero que a la larga, y pretendiendo mostrar todo lo que sabemos, desdibujan el mensaje principal. A saber:

Somos ingenieros. Industriales, para más señas.

La industria, esa gran desconocida

El otro día, la gran Deborah García Bello (siempre con ese gustito por crear polémica que tanto me gusta y que me permito transcribir) escribía en LinkedIn:

«He visto marchar a demasiados colegas científicos de primerísimo nivel.
No se necesitan aeropuertos más grandes para atraer más turismo. Lo que se necesita es vivienda y trabajo de calidad, atraer y retener el talento. Lo que se necesita es industria

Y pensé: “aquí hay post”.

Nuestro tejido industrial está dañado. Lo dice Deborah, que suele saber de lo que habla, pero lo dice cualquiera que conozca ese mundo. Y si la industria está dañada, la sociedad lo está. Porque la industria es uno de los pilares de la sociedad.

Nos provee de todo lo que necesitamos, tanto si es de primera necesidad como si es un lujo, crea puestos de trabajo y fomenta la investigación y la investigación. Crea riqueza, ya sea a través de la exportación o de la generación de patentes. Es un motor de gran potencia. No el único, faltaría más, pero si uno de los más importantes.

Pero yo me pregunto: ¿Quién se atreve a montar una industria hoy en día?

Pausa para reflexionar.

Pues eso.

El sector servicios, con el turismo a la cabeza, es un gran motor, que atrae riqueza y nos posiciona como país, pero no podemos poner todos los huevos en la misma cesta. Es un peligro y una irresponsabilidad. Y si no, que venga otra pandemia y lo verás.

El tejido industrial, que en España está mayoritariamente formado por PYMES, cada vez es menos nacional. En cuanto una PYME “despunta” se adquiere por un fondo de inversión o una multinacional (ojo, que eso no es malo) pero hace que nos estemos quedando, poco a poco, sin tejido industrial propio.

Y no hablo de nacionalismo casposo, Dios me libre, sino de estrategia como país.

La industria nacional debe ser reforzada, apoyada y por supuesto, modernizada, porque atrae talento, crea mercado y potencia el crecimiento de nuestra sociedad.

Y en este camino de crecimiento y consolidación de la industria hay una figura clave: el ingeniero industrial.

¿Qué es un ingeniero?

No te lo creerás, pero de primeras no he sabido responder esta pregunta. Sí, lo intuyo, pero plasmarlo en una definición corta y directa no me resulta fácil. Así, sin pensar mucho, me vienen dos, la normal, y la friki:

  • Normal: un ingeniero es una persona que utiliza su ingenio para resolver problemas de índole técnica en diversas áreas tecnológicas.
  • Friki: un ingeniero es el Señor Lobo de Pulp Fiction pero solo en la parte en la que dice que soluciona problemas.

Pues vamos a la Wikipedia, a ver qué nos dice:

«Un ingeniero (del latín ingeniun) es una persona que brinda el servicio de la ingeniería, o utiliza el ingenio para resolver problemas. Los ingenieros diseñan materiales, estructuras, máquinas y sistemas teniendo en cuenta las limitaciones impuestas por la practicidad, la seguridad y el coste. En su trabajo, los ingenieros aplican conocimientos científicos (además de otros recursos como su intuición, su experiencia o cálculos económicos) pero el ingeniero no es en sí un científico

Bueno, luces y sombras. Genial porque sí, tenía razón y lo he definido más o menos bien. Pero horrible porque dice que no somos científicos. Y lo peor es que es verdad.

Bien, pero no perdamos el foco: el ingeniero es el profesional que aplica su ingenio, así como los conocimientos científicos en diversas áreas para resolver problemas, es cierto, pero hay un matiz importante que no ha aparecido.

Uno de los objetivos de TODO ingeniero (industrial, teleco o mediopensionista) es la optimización, a saber, hacer lo máximo con lo mínimo. Gastar menos. Ser más eficiente. Cometer menos errores. Mejorar, evolucionar, cambiar.

El ingeniero es el agente del cambio. Busca la evolución. Dicho de otro modo, la sostenibilidad a largo plazo.

La industria y el ingeniero tienen el mismo objetivo. Beben de las mismas fuentes.

De los creadores de industria 4.0 y digitalización llega… la sostenibilidad

No se trata de ser victimista o de crear alarma innecesaria, pero lo cierto es que una industria es una misión complicada. La situación geopolítica, que ha traído un sinfín de vaivenes en los precios de las materias primas y la energía, una carencia acuciante de profesionales y técnicos y (aquí va polémica) una inseguridad jurídica palpable y un afán recaudatorio palmario (aquí da igual que seas industria, con que respires es suficiente) dificultan enormemente la competitividad.

Muchas industrias funcionan peor de lo que podrían/ deberían porque la carga administrativa, impositiva, burocrática y normativa es enorme. Pero tampoco seamos maniqueos. La industria también tiene carencias, inercias y vicios propios que deben ser mejorados.

En este marco, la solución es clara. La industria debe modernizarse, no solo en cuestiones tecnológicas y digitales, que por supuesto (y aquí hablo más bien de las P que de las M) sino en la mejora en la gestión de diversas áreas, como son la energía, la producción y los procesos, tres áreas transversales y cruciales en el sector de la industria.

Y en este triunvirato industrial, aparece un concepto muy utilizado últimamente (lo que tiene sus pros y sus contras) que es la sostenibilidad.

Hace unos años se puso de moda la industria 4.0. Todo era industria 4.0 ¿Y qué es la industria 4.0? Una entelequia. IoT, IA, fabricación aditiva, ciberseguridad, robótica colaborativa. Coño, aplicación de tecnología de toda la vida. La verdad que como marketing la industria 4.0 lo petó, pero la realidad es que las industrias hacen esto desde hace décadas. Muchas décadas.

Concepto INDUSTRY 4.0: energía, producción y procesos. Tres áreas transversales y cruciales en el sector de la industria.
Concepto INDUSTRY 4.0: energía, producción y procesos. Tres áreas transversales y cruciales en el sector de la industria.

Algo parecido está pasando con la sostenibilidad. Se usa y se manosea hasta el hartazgo, haciendo que pierda parte de su significado que, por cierto, es realmente importante.

Podría decir que la industria lleva toda la vida buscando la sostenibilidad, pero no sería cierto. Porque la sostenibilidad no es (solo) ser viable económicamente. Es mucho más. Y aquí es donde creo que sí hay match. Hoy en día, la sostenibilidad es una necesidad, y no hablo de mercado. Eso ya no cuela. Hay que creérselo.

En este sentido, aparecen los Objetivos de Desarrollo Sostenible u ODS, que buscan precisamente que la sociedad (la industria lógicamente como parte de ella) caminen hacia la sostenibilidad.

El problema es que la sostenibilidad cuesta dinero.

Manos a la obra

Que tenemos un problema no es nuevo. Joder uno no, muchos. Pero estamos en enero y estoy en mangas de camisa con la ventana abierta. No es bien.

Que tenemos que hacer algo tampoco es ninguna novedad. El problema surge cuando cruzamos lo que queremos, con lo que tenemos que pagar. Ay. Pupita.

¿Queremos ser sostenibles? ¿Queremos emitir menos gases de efecto invernadero, contaminar menos y consumir menos recursos?

¿Sí, verdad?

Pues manos a la obra. Pero nos va a costar dinero. Nos va a costar tiempo. Nos va a costar esfuerzo. La buena noticia es que no es imposible. Pero tenemos que ponernos las pilas.

En este contexto, contar con el ingeniero industrial como aliado (así, en plural mayestático) es crucial. Por supuesto, con profesionales de otras ramas: el trabajo multidisciplinar es hoy en día más necesario que nunca, pero l@s ingenier@s se posicionan como una pieza clave, dada su versatilidad y su visión global.

Ser sostenible implica buscar soluciones alternativas, pensar de forma transversal, investigar y experimentar. Requiere de creatividad. Por eso, un enfoque técnico combinado con otras áreas del conocimiento es increíblemente efectivo.

Ya, pero… ¿por dónde empezamos? Pues sí, la pregunta del millón. Si hay algo que estoy viendo últimamente es que, entre tanto maremágnum de conceptos, leyes y tendencias, muchas industrias no saben ni por dónde empezar. Y no les juzgo.

Una buena práctica es un análisis de la cadena de valor, también llamada VSM por sus siglas en inglés (Value Stream Mapping). Esta metodología analiza el flujo de trabajo desde el pedido hasta la entrega, pasando por todas las operaciones intermedias e identificando oportunidades de mejora a diferentes niveles: flujos de comunicación, productividad, tiempo de ciclo, lead time, etc.

Es muy útil porque nos da por un lado una visión muy general, y por otro acciones de mejora muy localizadas que nos permiten saber justo lo que preguntaba antes: por dónde empezar.

A nivel energético, la solución es la realización de una auditoría energética para ponernos en contexto, aunque la implantación de una solución de submetering (medir por debajo del contador) para saber cómo, cuándo y cuánto consumimos en diversas operaciones nos va a proporcionar una hoja de ruta para conseguir el objetivo que buscamos. El cambio, la mejora, la sostenibildad.

La industria es patrimonio. Debemos potenciarla y ayudarla, buscando la sostenibilidad ambiental, laboral y financiera.

Contar con la colaboración de ingenier@s expert@s es crucial para desarrollar una estrategia de sostenibilidad y crecimiento, y de supervivencia a largo plazo.

Así que si necesitas asesoramiento experto para la optimización y mejora de la gestión de la energía, la producción o los procesos de tu empresa industrial, llámanos.

Somos QE2 y somos ingenieros industriales.

Somos QE2, y solucionamos problemas.

Scroll al inicio