Medición, kaizen y el Big Bang

Big bang explosion in space
Vives en el caos. Puede que pienses que tienes una vida ordenada. Te levantas, desayunas, llevas a los a los hijos al cole… y durante el fin de semana, fútbol del hijo y patinaje de la hija el sábado por la mañana, vermú, a comer con los abuelos y vuelta a empezar. Pues aunque no lo creas, esto tiene mucho que ver con la optimización empresarial.

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Vives en el caos.

Puede que pienses que tienes una vida ordenada. Te levantas, desayunas, llevas a los a los hijos al cole… y durante el fin de semana, fútbol del hijo y patinaje de la hija el sábado por la mañana, vermú, a comer con los abuelos y vuelta a empezar.

Esta es mi vida. La tuya tendrá otros ítems, pero creo que me entiendes.

Pues no. Te digo que vives sumido en el caos más absoluto y que ese orden que percibes en tu vida es una mera ilusión.

Pero si aún sigues sin creerme, permíteme que te lo demuestre… científicamente.

Y para ello vamos a hacer un viaje en el tiempo, empezando por el punto más lejano al que el hombre ha podido mirar… más allá no hay nada. Me refiero al Big Bang.

TRES COSAS QUE NO SABÍAS SOBRE EL BIG BANG

Fue el físico Fred Hoyle quien en 1949 acuñó el nombre. La pura verdad es que se estaba burlando de la teoría porque pensaba que era una locura, y resulta que consiguió su objetivo, y ahora verás por qué.

Si te parece, te voy a contar algunas cosas del Big Bang que quizá no sepas…

La primera es que el Universo no empezó con el Big Bang, qué va. Ya existía.

Simplemente era un punto infinitamente pequeño, infinitamente caliente e infinitamente ordenado, en el que no había materia. Y si no hay materia, nada puede explotar. A todos los efectos, era completamente invisible.

¿Y qué cambió? Pues aquí va la segunda cosa que quizá no sepas.

Cuando pensamos en el Big Bang, a todos nos viene a la mente una megaexplosión. Tuvo que serlo para crear el Universo, ¿verdad? Pues ahí fue donde ganó Fred Hoyle con su Big Bang.

Porque no. Para nada. No fue nada de eso. Hoyle 1, el resto 0.

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De repente, concretamente hace 13.800 millones de años, algo pasó. No sabemos por qué, pero el hecho es que ocurrió: técnicamente hablando, una transición del campo inflatón. Ese pequeño cambió desencadenó una expansión súbita e increíblemente rápida de ese Universo primigenio. Es decir, no fue una explosión, sino una expansión del cosmos, del espacio. El término exacto es inflación. Inflación cósmica.

Pues vamos con la tercera cosa que igual no sabes… Cuando decimos que el Universo se expande no es que se vaya haciendo más grande, sino que se va creando espacio nuevo.

Imagínate que vives sobre un globo. Tu Universo es SÓLO la superficie del globo y ese globo se está inflando, creando nuevo espacio sobre el que caminar. Pues eso es más o menos lo que pasa. Y en esa expansión, que aún hoy continúa, de forma cada vez más acelerada, el Universo se está enfriando, evolucionando a un estado de mínima energía y máximo desorden.

Es decir, dentro de miles de millones de años el Universo será tan frío que nada, absolutamente nada, podrá vivir en él. Pero eso queda muy lejos, así que tranquil@.

LA FLECHA DEL TIEMPO

Volvemos a dar un salto en el tiempo, uno muy grande: viajamos al año 1865, en el que un científico alemán, físico y matemático, el gran Rudolf Clausius, se preguntó por qué los objetos, sin aporte de energía, se enfrían en lugar de calentarse.

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El apuesto y alegre Rudy Clausius (Prusia, 1822)

Así, a bote pronto, la pregunta parece una obviedad, pero los grandes descubrimientos vienen de las preguntas más simples.

Clausius se hizo esta pregunta que le llevó a dar con una conclusión aún más amplia. Resulta que las cosas solo pueden ocurrir en un sentido y nada más que uno. Para que me entiendas, de forma natural (es decir, sin acción externa) un objeto, por ejemplo un huevo, solo puede romperse y nunca recomponerse. Y una taza de café, si no aportas energía, solo puede enfriarse.

Es decir, todos los procesos naturales, de forma espontánea, solo pueden ocurrir en un único sentido.

Nace así el Segundo Principio de la Termodinámica, la entropía, y la explicación de por qué los fenómenos de forma espontánea solo pueden ocurrir en un único sentido… ¿Y cuál es ese sentido?

Aquí va la respuesta:

EL SENTIDO ES AQUEL EN QUE EL UNIVERSO SE EXPANDE, ES DECIR, AQUEL EN EL QUE EL DESORDEN AUMENTA.

Y ojo, que esto tiene una trascendencia mucho mayor de lo que pueda parecer. En física, este sentido en el que todas las cosas fluyen se llama LA FLECHA DEL TIEMPO, y es por esto que el tiempo va hacia delante.

Sí, podría ir hacia atrás.

Porque esa pequeña, misteriosa y caprichosa fluctuación cuántica, la transición del campo inflatón, cayó del lado que hizo que todo fuese hacia “delante”. De hecho, si has visto la peli TENET, de Christopher Nolan, este es justo el fundamento científico que usa la peli para viajar en el tiempo. Ya, yo tampoco la entendí.

Pero sigamos con nuestro razonamiento.

El tema, el tema importante, es que los procesos naturales ocurren en el sentido en el que la entropía del Universo (el desorden) aumenta. Por eso de forma espontánea el huevo sin romper (ordenado) solo puede evolucionar a un huevo roto (más desorden) y nunca al revés.

Bien, ¿a dónde nos lleva todo esto?

Como hemos visto, todo evoluciona a un estado de máximo desorden. Esto lo podemos decir de otra manera menos científica:

Todo se degrada.

Por eso nos hacemos viejos.

Por eso la fruta se pudre.

La casa se desordena (y si tienes hijos ni te cuento, ya que son enviados del Big Bang al salón de tu casa).

Las calles se ensucian.

Y los procesos, si no los controlamos, se descontrolan.

Aquí está. Ya hemos llegado.

LAS CUATRO LLAVES

La entropía del Universo, motivada por su expansión acelerada creada en el Big Bang, es la responsable de que los procesos se degraden y se descontrolen. Los procesos empresariales, de trabajo y de gestión, y por supuesto, los procesos energéticos.

Hay una razón científica para que, si no hacemos nada, todo sea un caos.

Así que efectivamente, vivimos en el caos, y como te prometía al principio del artículo, te lo he demostrado científicamente.

Simplemente utilizas energía para contrarrestar este caos. Todo el tiempo, a todas horas. Nunca paras, porque si lo haces, todo se degrada y se descontrola.

Recapitulemos:

  • El Universo de expande, y en esa expansión se desordena de forma natural y espontánea, y con él todos los procesos que tienen lugar en su interior.
  • Esto hace que el tiempo pase inexorable hacia delante y que todos los procesos, físicos u orgánicos, se degraden.
  • Y no podemos hacer absolutamente nada para evitarlo.

Pero eso no quiere decir que no podamos hacer nada para combatirlo.

Podemos. Ya lo creo. Y tiene un nombre: MEDIR y ESTANDARIZAR. Si somos capaces de extraer información del Universo, podremos adelantarnos a esa degradación e ir poniendo diques al caos.

Y esta solución de medir y estandarizar se llama MEJORA CONTINUA. Definimos un indicador, un objetivo, medimos y comparamos con el objetivo, estableciendo acciones de mejora.

Es decir, se trata de obtener información del sistema, traduciéndola en acciones que nos permitan ahorrar: en una empresa, la información es DINERO. Por eso hoy en día lo que todo el mundo quiere son datos.

Ahora bien, MEDIR y ESTANDARIZAR también son procesos en sí mismos, por lo que están igualmente afectados por la entropía y acabarán degradándose…

Podemos contrarrestar este efecto y no entrar en un bucle infinito. Para ello, utilizamos la tercera y cuarta llave: La automatización y la digitalización. Las destructoras de entropía por antonomasia.

DATA

Si lo piensas detenidamente, tiene todo el sentido del mundo. El ser humano lleva toda su existencia luchando contra el Universo. Primero consiguiendo comida y abrigo y protegiéndose de los depredadores. Y, poco a poco, conquistando metas más sofisticadas, pero librando la misma batalla.

En los albores de la humanidad, nuestros sensores eran nuestros ojos, oídos y manos. Ahora no cazamos mamuts, de acuerdo. Pero seguimos obteniendo datos para sobrevivir.

En el fondo, la mejora continua es un mecanismo humano de supervivencia que tenemos tan interiorizado que sencillamente, no reparamos en él.

La diferencia entre el Australophitecus de hace 4 millones de años y nosotros es que tenemos que gestionar mil millones más de datos que él. Y, sencillamente, ni nuestros sensores ni nuestro disco duro de serie son suficientes.

Quizá dentro de otros 4 millones de años seamos un smartphone con patas y podamos gestionar millones de datos. O simplemente seamos paquetes de energía. Pero mientras tanto, necesitamos un protocolo para seguir avanzando. Y ese protocolo, amig@ lect@r, se llama mejora continua. Se llama automatización y digitalización.

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El científico y divulgador Carl Sagan ideó el concepto de «calendario cósmico»

Avanzamos de forma exponencial. Cada vez más rápido. Puede dar algo de vértigo, pero no podemos dar la espalda al progreso. Las empresas, sean del sector que sean, deben apostar por la obtención del dato, primero, y su análisis después. Y tanto la obtención como el análisis requieren de recursos.

Se habla de sostenibilidad, igualdad, derechos sociales y mercado laboral. Y todo eso está muy bien y es absolutamente necesario, pero si no conquistamos la digitalización y la gestión de los datos nos quedaremos atrás. Nuestro país necesita, también, modernizarse. Transformarse. Evolucionar.

El Big Bang queda muy lejos, sí. 13.800 millones es tanto tiempo que ni siquiera podemos llegar a entenderlo. Si pusiéramos esos 13.800 millones de años en un calendario de 12 meses, el Homo Sapiens hubiera nacido el 31 de diciembre a las 23:53h y el aterrizaje en la Luna hubiera tenido lugar a las 23:59:59h. (Aquí te dejo una infografía muy chula al respecto).

Y sin embargo, lo que ocurrió en ese punto infinitamente pequeño sigue condicionando nuestra existencia, y lo hará para siempre.

Quizá sea bueno tomar un poco de perspectiva y asumir que el progreso, así como el caos, como dijera Thanos en Infinity War, son inevitables.

Que el caos te acompañe.

Bueno, ya lo hace.

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